sábado, 7 de marzo de 2009

Entre hierbas


No es tiempo de regar las plantas, a no ser que las plantas sean de interior y estén un poco mimosas…en tal caso habrá que ponerles bastante mano y dedicarles el tiempo y la atención que se merecen. Y no es momento de regarlas porque de tanto que ha llovido, el agua las tiene anegadas. Demasiada agua sobre ellas las llevará al ahogo, cuando no a morirse. Todo lo excesivo se pasa de rosca y, ya sabemos que la extralimitación puede llevar a un desequilibrio que podría desembocar en la pérdida total de lo construido.
Pero vengo hoy a hablar de plantas que me cautivan, tanto por su olor como por el sabor que dejan en mi paladar, cuando nos brindan con un "agüita" o infusión salida de sus hojas o flores.
Hoy vengo a hablar de la Reina Luisa y de la Caña Santa. Ambas me producen un dulce recuerdo, a la vez que mi retina las ha fijado nítidamente para pasarlas a una buena y grata estampa de mi niñez.

La Reina Luisa o Hierba Luisa que procede de América del Sur, se caracteriza por ser un arbusto de tamaño no demasiado grande y duro. La recuerdo bien, plantada al resguardo y en una esquina del patio de la casa de mi abuela, en donde el sol y la sombra conjugaban sus alternativas visitas, a fin de proporcionarle ambos las necesarias caras. Su tronco fue retorciéndose y haciéndose más leñoso a medida que pasaban los años. Era como si aparecieran callosidades en las que se dejaban ver largos años en largos ciclos o períodos.


Por lo que mi abuela contaba, era la Reina Luisa buena para ciertos trastornos digestivos así como para tratar la inapetencia y también para tratar las flatulencias. Así mismo, se empleaba para apaciguar los dolores menstruales.

Ahora me entero también que se halla indicada para diferentes tipos de alteraciones nerviosas, especialmente en casos de ansiedad y parece ser que, en muchos casos, se consigue mejores resultados que algunos tranquilizantes químicos. Por lo tanto es una planta medicinal y aromática. Por su sabor, parecido al limón, es muy apreciada por mucha gente. Sus hojas son alargadas y finas, y al tacto algo carrasposas. Sus flores son pequeñas de color blanco o también azulado y están dispuestas en ramilletes.

La Caña Santa, sin embargo, es de otro calibre. Proveniente de la India viene siendo una hierba perenne que no crece demasiado. Sus hojas son alargadas y muy finas llegando a medir un metro aproximadamente de longitud. Esta hierba se emplea para atajar los catarros, o sea, que también es medicinal. Es una planta que no exige mucho en cuanto al terreno en donde crece y más bien es agradecida. Su olor también recuerda al limón.
Ambas plantas las tengo vivas y presentes, tanto por su utilidad medicinal como por mis ancestros.
Pero la diferencia entre una y otra estriba en que, si bien la Reina Luisa es leñosa y fuerte, la Caña Santa aparenta débil y es más bien flexible. A pesar de denominarse así, poco o casi nada de caña tiene. Observar a estas dos hierbas me recuerda que, si bien ambas desprenden un atractivo olor y ambas son también similares en cuanto al paladar; sin embargo, son distintas en su crecimiento, en su desarrollo y en su presencia. Cada una con su naturaleza particular obviamente.

La Caña Santa, no es tan santa porque puede herirte sin avisar. Si pasas algún dedo por el borde de alguna de sus hojas con cierto descuido, puede llegar a cortarte sin que te des cuenta. Y en eso es experta. Y siendo en apariencia endeble aunque de hojas alargadas y un poco cortantes con sus aristas, no creo que pueda “dar caña”, como su propio nombre lo pretende indicar. Hay que saberla coger con cautela y hasta con delicadeza. Y acercarse a ella con mimo y esmero.
La Reina Luisa, sin embargo, presentando su tronco y sus ramas leñosas, también se deja atraer por su aroma peculiar, por la finura y delicadeza de sus hojas y por lo grácil y efímero de sus flores. La Reina Luisa es una planta difícil de pegar, lo hace mediante esquejes y hay que tener buena mano y buen tiento para lograrlo. Los ingleses lo llamarían "green fingers".
La Caña Santa se reproduce más fácilmente por trozos de la misma planta y que tengan algo de raíz. No hace falta ni tan siquiera tener mano izquierda para conseguirlo. En realidad con la Caña Santa no podrías nunca “dar ni meter caña”, tal es lo endeble de su estructura.

Y sin embargo con algún pequeño gajo de la Reina Luisa podrías dar algún “variscazo” en algún momento. Como aquel que un día me propinó mi tía ante mi continua inquietud e intranquilidad, propiciada por una cierta hiperactividad, sobre todo a la hora en que los mayores ejercían su derecho a siesta.
El asunto fue tan simple como pueril, ya que no lo he olvidado y cada vez que lo recordamos ambas, mi tía y yo, terminamos riéndonos a más no poder con todo el cariño y la ternura de la que somos portadoras. Y no es que me doliera el “variscacillo” dado. Que si que me dolió en su momento, por provenir más que nada de mi querida tía y de la que no creía que me lo fuera a propinar. Tal era el grado de confianza, de acercamiento y de empatía que ambas teníamos. Es que, ya había sido avisado y anunciado con mucha antelación y en varias ocasiones durante aquella larga y calurosa tarde de verano. Aviso del que no hice ningún caso, por seguir en mi frenética y bullanguera actividad infantil. Cuando lo que tocaba en aquel momento era el descanso de la obligada siesta matutina.

Lo que me dolió más es que se ejecutara, pensando yo que nunca se llevaría a cabo por mi tía, a la cual idolatraba desde mi mente infantil y desde que tuve uso de razón.
Sin embargo, mi dolor quedó anulado al saber y ser consciente que, en el empleo de una vara, había mucho más de juego y cariño tácito, que el propio castigo que se intentaba propinar.
Supe, sin que nadie me lo explicara, que aquello era un aviso al que se le aplicaba un efecto de prueba-ensayo, en el que cada una de las partes debía conocer el límite de hasta dónde llegar.

Mi tía, nunca más, volvió a emplear el cariñoso “variscacillo”, dado que fue sólo una advertencia; y yo aprendí a escuchar ciertas peticiones de los mayores a sabiendas de que había que respetar los momentos de cada uno, máxime cuando éstos habían sido, previamente, bien definidos.

Cuando riego la Reina Luisa
me acuerdo siempre

de mi tía Pepita.
Una planta difícil de pegar…
fácil de mimar,
el olor que desprende
denota suavidad.
A ella le gusta su aroma singular,
a mi me quedó el recuerdo
dulce y peculiar
de la Caña Santa,
que un día me dio a probar.
Fue en su hogar por casualidad,
o si es causalidad… el tiempo lo dirá.


















Time After Time - Cyndi Lauper & Sarah Mclachlan









Time After Time - Cyndi Lauper
Page copy protected against web site content infringement by Copyscape

7 comentarios:

EL BLOG DEL COLEGIO GUAYONGE dijo...

Hola Tanci! yo también recuerdo un arbusto de reina Luisa en el patio de la casa de mi abuelo. Me encantaba su aroma y las agüitas que, como un ritual, tomabama cuando llegaba del colegio. A mi abuelo le gustaba con gofio, o mojando pan...pero a mi siempre me gustó solita, apreciando su olorcito, a la vez que calentaba mis heladas manos(inviernos laguneros de antes...como el de este año).
Ahora tengo en mi jardín una reina Luisa, pero no prospera,y eso que la mimo, pero creo que está muy sombría y necesita más sol para desarrollar...¡...qué recuerdos!...un beso y hasta pronto

tanci dijo...

Mary, tengo entendido que a la Reina Luisa le debe dar el sol y también algo de sombra.Este invierno no ha sido muy bueno tampoco para las plantas ¿ y si le pusieras algo de abono?. A veces la tierra termina agotándose... Me encantó ese recuerdo tan tuyo de cuando llegabas del colegio y tu abuelo saboreando su agüita. Me encantará ver la que tienes en tu jardín. Será pronto. Un abrazo envuelto en aroma de Reina Luisa.

tanci dijo...

Mary, tengo entendido que a la Reina Luisa le debe dar el sol y también algo de sombra.Este invierno no ha sido muy bueno tampoco para las plantas ¿ y si le pusieras algo de abono?. A veces la tierra termina agotándose... Me encantó ese recuerdo tan tuyo de cuando llegabas del colegio y tu abuelo saboreando su agüita. Me encantará ver la que tienes en tu jardín. Será pronto. Un abrazo envuelto en aroma de Reina Luisa.

sinkuenta dijo...

Querida Tanci, perdona el retraso... pero no tengo disculpa!! Como te dije, yo no tengo ni idea de hierbas ni de plantas... debe de ser por ser producto del asfalto y los semáforos de dónde me crié. Cuando voy al campo tengo una visión más global y nunca me he detenido a estudiar botánica ni nadie me la ha explicado.
Cuando tenga dudas acerca de las hierbas ya sé a quién tengo que acudir, jaja.
Por otro lado, es curioso cómo todos los temas despiertan nuestra memoria y nos traen al presente hechos triviales vividos en el pasado que entonces eran vivencias profundas. Te mando un beso

tanci dijo...

Mi querida Alicia:
Me encanta verte pasar por aquí, pero cuando no se puede,no se puede.La verdad es que ni no imaginamos la cantidad de información que puede almacenar nuestro cerebro.Por otro lado el gran desconocido.Y como cualquier recuerdo puede llegar a hacer saltar a otro y éste a otro y así...Y como desconocemos todo lo que puede o no, hacernos llegar a un cúmulo de pensamientos, que a su vez se transforman en sentimientos y que a su vez nos tocan... a veces sin ser conscientes.Bueno que me gusta verte por aquí y que toques a mi puerta.Siempre hay un sitio para ti. Recibe un abrazo cariñoso.

mónica dijo...

Querida Tanci, pasé por aquí y aprovecho para dejarte un abrazo. ¡hasta pronto!

tanci dijo...

Mi querida Mónica: gracias por tu visita.Estaba escondida entre las hierbas y al pasar, salí a saludarte.La Reina Luisa se me pegó al pelo y la Caña Santa se me enredó a mis pies. Es que han crecido casi salvajes... También te mando un beso y un abrazo.