Alguien, habiendo leído algunas entradillas en mi blog, me comentó no hace mucho que mi expresión escrita le hacía recordar cualquiera de los cuadros que se pueden representar con estilo Naïf y me dio motivo para reflexionar acerca de esta perspectiva, por otra parte nada baladí.
En efecto, y pensándolo bien, creo que en muchos momentos de mi vida he practicado, sin saber que lo hacía, arte Naïf : sus miniaturas, sus colores, sus figuras ingenuas y directas, sus formas sin ningún tipo de doblaje… Viene a representar este estilo, concretamente en la escritura, la expresividad diáfana y clara de motivos elegidos para hacer realidad ideas y pensamientos en torno a lo que yo quería expresar. La vida diaria por un lado y también la ilusión e imaginación recreada en un porvenir.
Tendría yo algo así como 8 ó 9 años y, desde luego, era mucho más habilidosa en dibujo y pintura que en expresión escrita. Creo que fui mejor dotada por la naturaleza en lo primero, siendo esto último desarrollado más tardíamente. Pues, como decía, tendría esa edad, y me ocurrió que tuve que responder a una composición escrita ordenada por mi profesora. Mi profesora sabía que tenía que “mandar” a hacer una “redacción” sobre el mar. Pero sabiendo yo todo lo que el mar podía conformar y podía ofrecer, no comprendía, sin embargo, lo que conllevaba una “redacción”. Pero hete aquí que, a la sazón, y por nada del mundo, una alumna podía osar a pedir algún tipo de explicación ajena al mandato de la profesora. Y con esa duda y sin saber siquiera por dónde comenzar, empecé mi composición escrita.
El mar se me antojaba amplio, lleno e imposible de abarcar en todo el espacio que me ofrecía una hoja de cuartilla. Por eso, y desde el punto de vista infantil, pensé que habría que llenar la hoja todo lo más apretadita posible y con todo lo que en mi mente podía barajar de posibilidades para el mar. Rodeada de mar por todas partes, desde luego que no fue una empresa difícil dada la experiencia que tenía en cuanto a contacto directo con el mismo.
Así comencé mi “retrato Naïf” desde esta perspectiva simple, instintiva, ingenua y viva:
"En el mar hay: peces como la morena, los chicharros, las sardinas, el sargo, la fula, el pulpo, el cherne, el abadejo, la corvina, la sama, el burro, las lapas y los burgados. También hay mesas con paraguas, niños que se bañan, gente ahogada, buzos que están debajo, neumáticos, toallas en la arena, barcas pescando, estrellas de mar y caballitos danzando. Gaviotas volando y el sol en el cielo que está quemando. Hay un carrito que vende helados de fresa, vainilla y nata con cucuruchos de galleta que valen a dos pesetas. También hay en la orilla gente pescando peces, hay algas que se te enrollan en los pies cuando estás nadando y tiburones, ballenas y rayas. Hay rocas y callaos y montoncitos de sal en los charcos. Y cuando una ola grande viene te levanta y tú nadas por debajo. Y si no saltas la ola te revuelca y te lleva de nuevo a la arena…y…y… "
Así más o menos entregué mi “redacción” sobre el mar. Y mi redacción sobre el mar se limitó a dibujar una composición Naïf desde el punto de vista de una niña de 8 ó 9 años. Adornada profusamente. Decorada con aliños y adornos que mi mundo me otorgaba. Alegrada por una visión espontánea, instintiva en dónde lo real se identificaba con lo imaginado y en dónde mis sueños se hacían realidad a través de lo enumerado paso a paso. Era como si de alguna manera yo reivindicara toda mi imaginación a través de mi personal descripción verbal. Si, ahora pienso que era una simplicidad, pero franca y con una ausencia de normas por mi propio desconocimiento. Pero reflejaba una visión del mundo sincera y sin artificios. Casi diría yo, sin ningún tipo de preocupación interior y en dónde lo descrito era sólo un ambiente sereno y casi sin contaminar. Era lo que rodeaba a mi mundo y, en todo caso, lo que mi mundo podía ansiar.
Ahora, y después de reflexionar sobre la opinión de mi comentarista, puedo pensar que algo de eso puede haber en mi expresión actual. Sólo que esta vez trasladada a metáforas añadidas y perfiladas por el pincel de mi imaginación y por los colores de mi elaborada experiencia. Digo yo que uso las palabras con un sentido algo distinto del que tienen y que, a modo de juego o complicidad con el lector, guardan alguna relación descubierta o encubierta por mi creación o mi fantasía. Es un sentido figurado de mi inventiva.
Lástima que mi maestra, con muy poca capacidad psicológica y pedagógica por aquellos años, no supiera leer entrelíneas y apreciar lo que su alumna le regaló. Ella se perdió un espíritu franco, espontáneo, exento de artificios y por supuesto Naïf.
De la misma manera que hago con todas mis plantas, a las cuáles les debo atención exquisita, cuidado, mimo y cariño; también hago con mis cactus. Los cactus forman ese tipo de plantas que, a pesar de sus pinchos, se dejan querer y observar, y después de un tiempo de trato personal, uno llega hasta a admirar, dada la rareza de su propia estructura o bien, como en este caso, por su excelsa y elevada floración.
Y no puedo dejar de hablar de este agave que llevo cuidando no sé cuántos años y al que, al parecer, le había perdido la cuenta. Al principio creía que me brindaría con una de tantas flores a las que estoy acostumbrada a descubrir en mis cactus. Cualquiera de ellas, en tiempo de floración, es un auténtico regalo en forma de colores e imágenes que me da la naturaleza. Algunas efímeras, de uno o dos días de duración; otras, sin embargo, me han brindado una floración parsimoniosa y lenta. Por ello siempre esperé pacientemente a que sucediera. El agave Reina Victoria, que así es como se llama el cactus que hoy traigo a colación y que crece espontáneamente en zonas de México, lleva un tiempo invitándome a visitarlo. Me tiene enganchada y casi me preocupa mi adicción de visita diaria a su morada. Y es que, desde el principio, y por su particular forma de presentarse, me llamó la atención Tan firme, tan fuerte y férreo a la vez. Yo diría casi estricto y medido en sus formas. Moldea y conforma este cactus una roseta de hojas apretadas, fijas y compactas con señales blancas en los márgenes que las distingue, y que están a lo largo de sus hojas. Por ello es muy decorativo. Los márgenes no son dentados y, mirándolo, da la sensación de una imagen en forma de poliedro alcanzando aproximadamente hasta unos 50 cm. de diámetro. Al final de la hoja suele incluir una o dos espinas muy duras de 1 cm. aproximadamente. Tienen un fuerte sistema para afianzarse a suelos que no son muy estables, o bien a los suelos pedregosos. Las hojas centrales se curvan hacia dentro terminando en una fuerte espina o pico y que, aconsejo no intentar tocar por la dolorosa experiencia de clavártela. Recuerdo una vez que, por el mero hecho de trasplantar mi penca a una maceta mayor para que estuviera más a gusto y más a sus anchas, penetró una de sus púas, levemente, en una vena del dorso de mi mano. La consecuencia no se hizo mucho de esperar. Al instante se inflamó a modo de globo tomando un color verdoso, formándose una especie de coágulo abultado que duró varios días, cambiando a color morado según iba transcurriendo el tiempo. Ni que decir tiene el escozor y el dolor que me dejaba como presente y como recordatorio. O tal vez, como si de un aviso se tratara, a no traspasar su reducto y su parcela. En verano le salen a estos cactus unas espigas erguidas con flores pequeñas de color blanco tirando a cremoso. Estas espigas pueden llegar a alcanzar hasta tres metros. Y sólo florece una vez en la vida, por lo que después de hacerlo la planta muere. Al tiempo que me he enterado de esto, me he quedado más que preocupada, ya que siempre ha estado ahí perenne apoyándome, dándome lo mejor de su presencia, pidiendo a cambio sólo lo estrictamente esencial para vivir. Oxígeno, agua y tierra fértil y abonada para crecer y desarrollarse. De vez en cuando pedía ser despojado de algunas inquilinas que, sin pedirle permiso, se anexionaban a él buscando, tal vez, refugio o cierto tipo de protección. Mi agave Reina Victoria es una planta muy resistente, sobre todo a las zonas áridas y semidesérticas. Aunque también suele servir como planta de interior. Es bella y elegante y, creo saber que, muy apreciada por los coleccionistas y excelente como planta de terraza o jardinera por su poco desarrollo. Se da muy bien a pleno sol, pero es tan flexible, que incluso puede sobrevivir a algunas heladas débiles y que rara vez se espera. Pero se aconseja, no obstante, seguirla protegiendo. Si está en maceta necesita más agua, como cada siete días aproximadamente, que si se criara en terreno libre. Yo diría que es una planta “ aguantona”, dado que resiste y soporta los distintos embates del tiempo. Mas, sin embargo, sé que se irá para siempre. Y no deja por ello de entristecerme. Esta especie de agave llamada Victoriae-Reginae procede del desierto de Chiguagua en México, con alrededor de media docena de subespecies. Siendo la palabra agave de procedencia griega y cuyo significado es el de admirable, no ha parado de fascinarme, dejándome, a la vez, encantada esta penca que ha decidido, ahora, florecer en ramilletes sobre una vara central, maguén o maguey. Pero no sabiendo yo que esta floración aparece sólo hasta que la planta tiene 20 ó 30 años de edad y no siendo pues, consciente del paso del tiempo; he visto que en pocos días se ha elevado a la altura que podemos apreciar mediante las fotos que he tomado. Y es por lo que me hago cargo ahora, de todo el tiempo que ha estado conviviendo y compartiendo espacio, serena y armónicamente, conmigo. A la vez que, antes de su definitiva partida, me invita a elevar mis ojos casi por obligación, para ofrecerme la manifestación más explosiva y bella que me puede dejar como herencia; esto es: un espigón o bohordo cargado de espléndidas y diminutas flores de color blanquecino. Definitivamente, he de seguir mirando hacia arriba, hacia esa altura construida para mi, paso a paso. Y al mismo tiempo para apreciar su presente, so pena de perderme tan espontáneo, natural y gratuito ofrecimiento en forma de regalo. Mientras, esperaré pacientemente y con cierta nostalgia su despedida.
¿Qué hay en la cajita de cristal? hay puertas entornadas y cancelas abiertas, hay miradas francas y directas bienvenidas reveladas y alegría expresa, por haber... hay regocijo, travesura y ternura manifiesta.
¿Qué guarda la cajita de cristal? no hay rayos, no hay centellas, no hay relámpagos, no hay tormentas, no hay borrascas, ni ventolera, por no haber... no hay chaparrón, ni tampoco nieve duradera, ...algún halo de color magenta.
¿Pero qué hay detrás de la cajita de cristal? hay un cielo y mil estrellas, y una nítida luna envuelta, hay radiantes luceros, prendidos sobre una cordillera.
¿Y qué hay dentro de la cajita de cristal? si lo quieres saber te lo digo en un pis pas, cuida el contacto visual, custodia la comunicación verbal, vigila su complicidad, atiende al intercambio personal, favorece su creatividad, revela una manifestación gestual, saca de dónde no hay... y seguro, seguro algo más encerrará.
Frágil y delicada cajita de cristal tras la puerta escondida como regalo ofrecida, esperando que alguien la descubra y la vea, y que elevando sus ojos
Tomo como juego palabras de Benedetti y Pedro García Cabrera, las hilvano y las compongo
y las hago mías, me recreo con su poesía, y a modo de verso
me salen algunas rimas.
No hizo falta proponérmelo pero me llené al instante, de aguas que no son las mías y aunque nunca estuve distante; sus voces, nuestras voces, no me dejaron la sangre en penumbra, más bien sentí durante el concierto el corazón de la luna. Cantando en el escenario me di a tu abrazo, a sabiendas de que ni me encuentro ni me hallo.
Y sigo, sin embargo, en esta encrucijada de ponientes hasta que el ocaso cruce al frente. Y sueño por entre tarajales, porque aunque la noche pase y no, y aunque te tenga y no, y aunque te busque y no te encuentre, sé que eres mejor que todas tus imágenes. Y que con eso me quedo y que como eres lindo y bueno desde el alma a mi, por eso te sigo y te quiero. Y aunque eres mío y no eres mío, tengo que seguir amando para seguir queriendo. Y sigo queriendo porque, en definitiva, hace falta mucho más que dos en una buena entonación. Y en mi paraíso no cabe otra cosa que amor, complicidad, rebeldía y construcción...con un poco de creación. Y muchas veces elevo mi mirada al cielo, y entono en guaraní un Ave María, y no sólo participa Gabriel y su Oboe, sino que me acompaña un conjunto de voces en armonía.
¡CARPE DIEM!. Así año tras año. Y llevamos dieciséis. Cada vez que se acerca nuestro festival; nuestro ánimo crece, nuestra creatividad va desplegando sus alas y, todo el recorrido que hemos hecho durante todo el curso escolar y musical, se va perfilando en aras de conseguir siempre nuevos estrenos en distintas obras musicales. Es la ilusión, es la música, es el compartir. Letra, ritmo, solfeo, tempo, música...y ... Así también, nuestro director nos imbuye de toda esa sensibilidad que es capaz de traspasar y comunicar. Un día tras otro, semanalmente. De seis a ocho, aunque no siempre puntualmente ya que, siendo aficionados como somos, nos debemos, además, a nuestra profesión. Educación y música. Música con educación. Educación para la música o una música para una auténtica educación. También nosostros aprendemos con, por, de... Aprendemos de forma matemática, preposicional y anímica. Todo entra a formar parte de nuestra amalgama. Nuestro entramado es amplio, heterogéneo, diverso. Este año, nuestro cartel hace referencia al Año Internacional de la Astronomía. En él se refleja el cielo diáfano que puede observarse en Las Cañadas del Teide, tanto de día como de noche. Las estrellas relucientes, a cuál mejor. La luna, siempre en este impresionante y sobrecogedor entorno, fúlgida, resplandeciente. El contorno de nuestro Teide recortado en el firmamento, al tiempo que un halo bifurcado y misterioso de distinta tonalidad se atreve en la noche a bajar desde el cielo; desplegándose, para llegar al corazón de nuestras voces y de nuestro escenario: las notas musicales , en este caso corcheas, que dan un toque de sencillez y simplicidad y, que nada pueden hacer sin la semicorchea, que en este caso representa a nuestro director. Somos uno sólo con el firmamento. Y el firmamento recibe en reciprocidad un conjunto difícil de separar. Al unísono o en contrapunto.Pero vibración al fin. El repertorio para este evento que se describe en nuestro programa de mano, tendrá una entrada especial en el siguiente post, ya que también nos acompañará la Coral Universitaria de La Laguna. Para que vayan abriendo boca y para los que todavía no conozcan a Carpe Diem de La Laguna aquí va el enlace http://corocarpediem.com/ . Para aquellos que no han tenido la ocasión de asistir a nuestro entrañable Festival, una sugerencia susurrada al oído: "Acérquense sigilosamente, acomódense, escuchen, sientan y no se arrepentirán"
Hay en mi casa unas mesitas antiguas de madera que van llegando a ser viejas. Tanto, que han resistido los embates del tiempo, estoicamente, haciendo gala de ejemplaridad, buen hacer y servicio a la comunidad de la que durante años han formado parte. Por edad y por generación, estos muebles no fueron adquiridos en ninguna mueblería, centro comercial de gran renombre, ni tan siquiera fueron adquiridos en ningún tipo de exposaldo. Podríamos decir que, en este último lugar, y muy de vez en cuando, se podría encontrar algún que otro mueble de similares características, un poco desapercibido en una esquina o bien algo oculto. Como si, de alguna manera, hubieran pasado inadvertidos a los ojos de los demás. O tal vez en algún rastro dominguero en dónde, los aficionados a encontrar objetos antiguos o alguna pieza en desuso, pudieran hacer realidad sus sueños de coleccionistas. O quizá, ser poseedores de algo poco usual y no muy visto . Estos muebles, a los que hago referencia, fueron hechos por encargo en su momento a un carpintero que, en tiempos pretéritos, hizo de su profesión un arte y de su arte una practicidad encomendada. Estos dos muebles han representado durante algunas generaciones, un lugar de hegemonía en las necesidades de la vivienda, en dónde no era necesario llenarla con objetos inservibles al uso o poco prácticos. Estas dos mesitas han estado apoyadas a una pared blanca y bien enjalbegada; quedando destacadas, bien puestas, auténticamente colocadas y fijas con sus cuatro patas torneadas y sobre un tablado de madera. Han pasado por sus ojos muchas vicisitudes de alientos y desalientos, de dádivas y de carencias, de escuchas pacientes, de inmensas conversaciones familiares, de planificaciones futuras, de sueños no cumplidos, de ilusiones adquiridas en noches de luna llena, de ocasos necesarios, de realidades alcanzadas, de amaneceres inesperados. De sujeción de papeles, llaves, objetos variados y hasta objetos de decoración. No se han privado mis dos mesitas de sostener las consabidas “figuritas” que, añadían un cierto acompañamiento nocturno y diurno a la imperturbable espera de estos dos muebles. Han permanecido así año tras año; en silencio, observando más bien desde la distancia y, aunque siempre han estado a la vista de todos, estos dos muebles han pasado desapercibidos por muchos de los que a su lado han transitado. Aunque, de vez en cuando y con una mirada de soslayo, alguien recae en ellos. No les ha hecho falta brillar mucho. Han sido ellas, las dos mesitas, las que con su propia esencia de mueble antiguo y personal, han destacado por encima de los demás muebles de la casa. Tan calladas, tan cercanas, tan prácticas, tan austeras, tan efectivas en cada momento de sus vidas. Y a su vez, tan llenas de vida y tan colmadas de variadas experiencias. Muchas manos de pintura han pasado por sus esbeltos y bien formados entramados, haciéndolas relucir cuando aparentaban apagadas por el paso del tiempo. Pintura transparente y mate al principio de sus vidas; pasados unos años pintura transparente y brillante que terminaba descascarada formándose pequeñas costras en distintos rincones de su superficie; pintura transparente mezclada con algo de color más oscuro de tal manera que los desconchones aparentaran ligeramente retocados, a fin de ver más lustrosos estos muebles. Y por último, una mano de pintura oscura para apaciguar y, de paso, camuflar algunos retoques que no habían podido ser ocultos. Pero siempre allí perennes, para los habitantes de la casa y para los foráneos que, de vez en cuando, tenían alguna mirada de complicidad con ellas, haciéndoles destacar algunas de sus cualidades presentadas a primera vista. Dígase diseño, estética, practicidad, medidas, belleza… etc. Hoy es el día en que deseo hacer resaltar estos muebles por encima de los demás. Son únicos, intransferibles, muy personales, ni grandes ni pequeños, agradables a la vista y realizados con buena madera. Son ejemplares bellos y que brillan con luz propia entre los demás. Han sido hechos de una manera artesanal y con el arte de la paciencia, mereciéndose un buen puesto de honor en la casa. He estado estudiando las posibilidades que tengo para hacer de estos dos muebles algo distinto, si bien nada nuevo en especial. E indagando he visto que lo principal va a ser quitarle toda la vieja pintura acumulada durante años en capas superpuestas. Tarea difícil ésta, dado que todas las capas están bien agarradas e intercaladas. Cuantas más capas quite, más capas aparecerán. Todo es cuestión de empeño, de destreza, de voluntad, hábito y algo de paciencia combinados con un esmerado, fino y constante trabajo.
De momento, no voy a pretender conseguir una flamante cara de estos dos muebles por el simple hecho de proponérmelo así, sin más. Habrá que agenciarse lija de varios granulados, también una especie de filamento metálico para raspar aquellos restos que se resistan a ser sacados de primera entrada, luego lana fina para suavizar la madera una vez que haya sido decapada, posteriormente una brocha delicada, algo esponjosa y de buena calidad para eliminar algún resto de polvo que haya quedado disimulado en algún repliegue de la madera. Y por último el barniz protector. Éste último paso será, quizá, el más delicado y el que va a dar lugar a que mis antiguos muebles sigan cumpliendo la función para las que fueron hechos. El barniz protector, no sólo les ha de proteger de la intemperie y de los cambios de clima, sino que, además va a propinarle una belleza externa uniforme e impermeable capaz de volver a capturar las miradas de los que compartimos la misma vivienda y por consiguiente el mismo escenario. También y de nuevo, capturará la mirada de los foráneos, entre los que considero amigos, conocidos y vecinos. Por ello me he planteado, no sólo, encontrar un excelente barniz protector de la madera, sino también que dure largo tiempo. Que sea repelente a los cambios ambientales y de tiempo, a las humedades y también que aguante algún que otro impacto o colisión que en algún momento puedan ser recibidos por algún rodamiento de sitio o lugar. Que se pueda tocar y pasar la mano sin que le quede señal alguna. Que cuando se le acumule algo de polvo o diminutas partículas, se pueda limpiar fácilmente con un suave paño, capaz de atrapar la primera pelusa a la primera pasada. En definitiva, he de adquirir un barniz de calidad que pueda afrontar, si es posible, toda esta centuria, tal y cómo lo ha hecho con la pasada. Y que mis ojos sigan llenándose de la permanencia, de la belleza y de sus singulares puestos en los distintos rincones de la casa que han sido dispuestos para ellas. Tal y como les corresponde y para lo que fueron diseñadas. Quise informarme y me dijeron que actualmente hay barnices más ecológicos y naturales, menos contaminantes, más prácticos y mucho más efectivos, protectores y de larga duración. Iré y me haré con uno de ellos. Mis viejas mesitas bien que se merecen, después de tanto tiempo sin ponerles atención, esta mano de barniz puro, transparente, fuerte y duradero.
Sólo espero que con esta calidad de barniz, las mesitas obtengan firmes cualidades de textura no quedándose en lo más superficial de su esmalte.
"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada"
(Gustavo A.Bécquer)
"La grandeza del hombre no consiste en su superioridad o fama, sino en el hecho de que sus realizaciones tienen un marco de humildad, de bondad y de profundo amor"
"La belleza intelectual no está en saber mucho; está en saber lo que conviene. La belleza sentimiental, no en la violencia de las pasiones, sino en la naturalidad. La belleza plástica, no en la perfección exterior según tipos escultóricos, sino en la concordancia de las formas con los hechos que constituyen la propia vida" (Ángel Ganivet) "La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada" (José Ortega y Gasset)
"Quédate" es una palabra encantadora en el vocabulario de la amistad.
(Louisa May Alcott) "Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible." (Mahatma Gandhi) (1869-1948). Político y pensador indio. "No es la fuerza, sino la perseverancia de los altos sentimientos la que hace a los hombres superiores"
(Friedrich Nietzche)
"Generalmente ganamos la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra"
(Tito Livio)
"El hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida"
(Jean Jacques Rousseau)
"Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender"
(René Descartes) (1596-1650)Filósofo y matemático francés.
"La emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. No puede haber transformación de la oscuridad en luz, ni de la apatía en movimiento sin emoción"
(Carl G.Jung) "La función química del humor es ésta: cambiar el carácter de nuestros pensamientos"
(Ling Yutang ) (1895-1976) Escritor y filólogo chino "Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es" (Jean Paul Sartre) (1905-1980) Filósofo y escritor francés. " Si añades un poco a lo poco y lo haces así con frecuencia, pronto llegará a ser un mucho" (Hesíodo). Poeta griego "Las personas son como la luna. Siempre tienen un lado oscuro que no enseñan a nadie" (Mark Twain) "Si la razón hace al hombre, el sentimiento lo conduce" (Jean-Jacques Russeau)
"No se puede desatar un nudo sin saber como está hecho"
(Aristóteles) Filósofo griego (384AC-322AC)
"Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón"