sábado, 21 de marzo de 2009

La Fortaleza





A 2.016 m de altura y situado en la zona noroeste de Tenerife y rozando en su linde superior el Parque Nacional de Las Cañadas del Teide, está el macizo de la Fortaleza. Es un colosal roque producido por la acumulación de lava muy viscosa que se produjo alrededor del propio cauce de la emisión. Este roque consta de paredes escarpadas y fracturas que quedaron así después del enfriamiento de la colada. Todas las caras de este roque son casi verticales y han crecido algunas especies vegetales en ellas, tales como la “centáurea” o “siempreviva” que son endemismos de las Islas Canarias. A pesar de que, este roque tiene un gran valor científico y siendo de gran singularidad por su origen y por su morfología; es, sin embargo, un espacio poco vulnerable. Muy cerca está la “Cañada de los Guancheros” en dónde hay "retamas" y "codesos" rodeadas de montículos de piedra pómez o “pumita”.
Mi abuelo materno tenía la sana y sabia costumbre de subir a la azotea de “la casa”, nada más levantarse para ‘escolumbrar’ y de paso predecir el tiempo que iba a hacer en esa jornada. Y es que, en tiempos claros y cuando no había bruma que bajara desde el Teide, se veía lo alto de La Fortaleza. Emblema éste que sigue llenando los ojos a los más antiguos del lugar. Y a los que como yo, por suerte, tenemos la costumbre, el gusto y el placer de otear desde la azotea.


“No es más que un ‘monturrio’ de piedras que se ve a lo lejos y allá arriba”, me decía no hace mucho Doña Nieves anciana de 82 años. Pero ese 'monturrio' era el vigía y avizor de muchos cambios de tiempo, recibidos con gratitud o resignación.
Cuando nevaba mucho, el punto de referencia por esa zona, era que había caído nieve hasta en La Fortaleza y ya sabemos: “Año de nieves, año de bienes”. Hasta los alrededores de ese roque subían a pie los moradores de San Juan de la Rambla a coger piñas y leña de los pinos canarios cercanos.
Algo me hace suponer que este estandarte de la naturaleza, además de embellecer el paisaje y de singularizarlo, daba constancia y seguridad a mi abuelo de cuán fuerte y sólido puede llegar a ser lo que nos rodea, incluyéndonos a nosotros mismos. Así, este roque se erige y reclama su atención y su existencia, fijándose al suelo en dónde está enclavado y perpetuándose en el tiempo.
En cierto sentido, este roque se ha hecho fuerte a sí mismo porque de alguna manera se ha establecido casi como reducto imperturbable e inamovible.
Mi abuelo no era hombre de hablar mucho y actuar poco, más bien todo lo contrario; por lo que, cuando algo salía de sus labios era con justicia y porque ya no quedaba más remedio para actuar. Tenía un cierto espíritu de timidez conjuntada con una nobleza casi inusual, pero que no va contravenida al espíritu de fortaleza. Más bien, era hombre que hacía esfuerzos y sacaba fuerzas de flaqueza de dónde fuera por conseguir lo que deseaba... Nunca a mi abuelo se le fue la fuerza por la boca ni dijo una palabra más fuerte ni más alta que otra. Y, creo yo que, consiguió arañar con sus manos la tierra para sacar los mejores y los más buenos productos de sus entrañas. Mi abuelo era agricultor que, a fuerza de mucho tesón y paciencia, consiguió metas altas y que aparecían en forma de frutos colgados de los árboles y, otras más soterradas sacadas del interior de la tierra. Mi abuelo trajo de Cuba el arte de la paciencia y del tesón. La nobleza fue cosa de genética y herencia familiar.
Por eso, cuando tengo alguna empresa entre manos para sacar adelante, no me queda más remedio que echar mi vista atrás. Quizás en busca de esa fortaleza que antaño tenía la gente de campo, la gente con impulso y energía, la gente empeñada en una actitud cabezona más que nada. Y que sosteniéndose en ese sentimiento de resistencia como nuestro roque de La Fortaleza, echan 'pa’lante' sin que una fuerte nevada, ni una rociada, ni una ventisca puedan hacer mella en su interior. Esa era su fortaleza, porque, en su actuar y en su obstinación natural, sacan con firmeza cualquier tarea impuesta por ellos mismos con esa entereza para realizar lo que se desea y más que nada por la propia voluntad elegida. Tal es su fuerza de voluntad y su perseverancia.
Y es que, aunque hagan falta ojos expertos para hacer precisos cálculos ante las dificultades que se pueden ir presentando en la vida, o ante la resolución de iniciativas; de alguna manera, uno se mide antes de entregarse a ellas. Y tal vez, uno va y lo consigue y lo logra pero siempre a fuerza de constancia, empecinamiento, tozudez y altas dosis de paciencia y confianza.
Y así es como de una manera natural casi, y sin que uno se dé cuenta, echa mano de ese motor imprescindible en el ser humano y que viene a ser la fuerza vital. Y hasta parece que uno recobra por unos momentos un cierto resuello, en la medida que le hace ser a uno más consciente de sus posibilidades. Y uno va y se queda maravillado y asombrado ante tal dimensión de la naturaleza, como ese prominente roque del que he hablado y que está enclavado en un lugar cercano al Portillo. Y que se vislumbra desde la casa de mis abuelos. Esa naturaleza inquebrantable, bien definida, fija, bien sostenida, casi imperturbable… cómo queriéndonos demostrar que a pesar de las múltiples y sucesorias nevadas, a pesar de las ventiscas, serenos y granizadas…; esa naturaleza digo, se ha hecho fuerte cual reducto defensivo. Y yo sé, siempre en mi interior, que nunca lo moverían a la fuerza y mucho menos en contra de su voluntad. Más bien se dejaría hacer y deshacer con sólidas bases pétreas firmemente instauradas.
Hoy me mantengo vislumbrando a La Fortaleza desde la azotea de la casa, tal y como lo hacía mi abuelo cuando oteaba el cielo y miraba al horizonte, en busca tal vez, de un tiempo mejor y que le pudiera sorprender, a fin de perseverar en todos sus propósitos.




Even Though Youre Gone - Angelis



Aspiration - KIM ANGELIS

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10 comentarios:

EL BLOG DEL COLEGIO GUAYONGE dijo...

Qué maravilla!!!me ha encantado, esa forma que tienes de hilar la Naturaleza y los Sentimientos, la descripción y simil que haces de la "fortaleza" de un ser humano abierto a lo que le rodea, y además estoy de acuerdo,como no iba a estarlo!. Vivir de espaldas a lo que nos rodea, es otra forma de enfrentar la vida...pero menos grata (supongo). Yo como tu abuelo, cada mañana miro al Teide, que lo tengo delantito de la cocina, e intento adivinar qué tiempo vamos a tener...También miro al mar, a ver si está bravo o quietito, y el tono de azul que le toca vestir ese día. Creo que esas pequeñas cosas me dan "fortaleza". Gracias amiga. Un abrazo y hasta un cercano miércoles.

sinkuenta dijo...

Querida Tanci, no conocía yo La Fortaleza y me ha gustado mucho leer tu descripción con todas las implicaciones que le das a tu entrada. Yo, desde mi casa no puedo ver el Teide... pero, si pudiera, seguro que me subiría a la azotea y lo miraría cambiar de aspecto con las estaciones... Te mando un beso

tanci dijo...

Querida Mary: ¡cuántas coincidencias tenemos ambas!. A veces me planteo si enfrentar la vida de espaldas, aunque menos reflexiva tal vez, te hace menos vulnerable. De lo que si estoy segura es que sin los sentimientos, sin los afectos, y sin la propia naturaleza me es imposible estar. Tienes un lugar privilegiado desde dónde se divisan esos cachitos de vida.Igual que tú,me aferro a "esas pequeñas cosas" y son en definitiva las que me mantienen.
Un abrazo y nos ponemos de acuerdo.

tanci dijo...

El sitio de La Fortaleza es un lugar casi mágico. Es un lugar en dónde se percibe el silencio. Pero en muchas partes hay fortalezas parecidas a esta. O al menos llamadas así por su similitud. Me alegra mucho que te gustara mi nueva entrada y me gusta tanto que siempre vengas a dejar tu opinión y tu cariño.Este blog camina gracias a ti, por ello no puedo defraudar. Aunque a veces las ideas no aparecen como uno quisiera.Gracais por tu visita siempre puntual. Me anima a seguir.Te mando un abrazo de oso.

alicia dijo...

Por cierto, no hice ningún comentario del dibujo que figura al pie de la entrada... ¡muy bonito! estás hecha una artista!!!

tanci dijo...

Alicia, ese dibujo lo hice precisamente en una de esas caminatas que tanto me gustan y que tanto bien me hacen. Llevaba un bloc de notas y apuntes para tomar bocetos para pintar... y quedó eso. No está mal ,pero se podría mejorar. Gracias por tus comentarios siempre en positivo. Desde aquí te mando un beso con ganas de que pasae por mi cueva.

tanci dijo...

Alicia, ese dibujo lo hice precisamente en una de esas caminatas que tanto me gustan y que tanto bien me hacen. Llevaba un bloc de notas y apuntes para tomar bocetos para pintar... y quedó eso. No está mal ,pero se podría mejorar. Gracias por tus comentarios siempre en positivo. Desde aquí te mando un beso con ganas de que pasae por mi cueva.

mónica dijo...

Querida Tanci, llego tardísimo, como a todo últimamente, lo siento!
Ya hace días que leí este post y me gustó muchísimo, pero no recordaba si había tenido ocasión de decírtelo. Me encantó esa relación que hiciste entre la dureza y sobriedad de esa roca y el carácter de tu abuelo...
Bueno, espero que tu madre se reponga pronto y te mando un fuerte abrazo.

tanci dijo...

Querida Mónica:
Nunca es tarde si la dicha es buena... Je,je.
Gracias por venir y dejar esas letras cargadas de afecto como de costumbre. La verdad es que me tienes acostumbrada y ya sabemos... puede uno adquirir malas costumbres. Bueno, por lo demás te diré que la cosa marcha pocoa poco. Pero marcha y eso es lo bueno. Te envío un fuerte abrazo.

tanci dijo...

Querida Mónica:
Nunca es tarde si la dicha es buena... Je,je.
Gracias por venir y dejar esas letras cargadas de afecto como de costumbre. La verdad es que me tienes acostumbrada y ya sabemos... puede uno adquirir malas costumbres. Bueno, por lo demás te diré que la cosa marcha pocoa poco. Pero marcha y eso es lo bueno. Te envío un fuerte abrazo.