domingo, 3 de enero de 2010

Rosa que engalana



Ninguna de las rosas que asistían al concierto de Año Nuevo en Viena era similar a mi rosa. Por mucho que busqué, no pude ver a ninguna que se le pudiera parecer. Mi rosa es especial, llegó a mis manos cuando no la esperaba, desde luego no por casualidad y además sin pensar alguna vez en ella. Pero es obvio que ella si que lo hizo al llegar hasta mi.

Mi rosa destacó entre las 30.000 flores que adornaban la Sala Dorada del Musikverein durante el soberbio concierto con la Filarmónica de Viena al frente y dirigido por el francés George Prêtre. Algún día lograré mi sueño de asistir a él y empaparme de las notas musicales que, a modo de vals, polcas o rigodones, todos los años nos viene a regalar la apertura de un  nuevo año. Y algún día me empaparé “in situ” de audiciones de temas románticos, como me he empapado en este primero de enero del 2010 del peculiar aroma que desprendía mi rosa estando a mi vera.

A base de mucho ruego, mi rosa cedió y me hizo una concesión particular, me regaló un mimo aceptando mi invitación. Si bien me dejó claro que no encontraría ninguna igual entre todas las allí presentes. Mi rosa asistió junto a mi, al concierto que año tras año decido ver a través de TV, dándole color y fragancia a este evento y a esta estancia y, rodeándome del perfume peculiar y envolvente, que sólo ella ha sabido ofrecer. Compartir su rojo encendido me ha transmitido alegría, energía y vitalidad. El terciopelo carmesí de sus pétalos no iba en absoluto reñido con la calidez y el equilibrio de sus formas.

Nunca pensé que esta rosa apareciera tan espléndida, tan perfumada, tan encendida y con su habitual elegancia de diseño. Su estética, su distinguido vestido de blonda y granate, la protegía y envolvía al más puro estilo de vals vienés. Era comparable a cualquiera de las delicadas bailarinas que danzaban a la par de la música de Strauss, dejándose llevar, dócilmente, por las alegres y acompasadas notas musicales. Me di cuenta, en su compañía, que fue diseñada especialmente para mi. Entre mi corazón y el suyo hay un halo de especial energía permanente que me brinda con su presencia, con su equilibrio, con su donaire y su particular danza flotante al viento.

Al término de tan excelente concierto, esta rosa sigue destacándose de entre todas las que han engalanado el concierto de mi vida. Con sus finos pétalos pretende marcar el ritmo de su latido, hora henchido, hora desfallecido…

Y mi corazón exultante y airoso de vida y armonía, la recoge, la guarda y la atesora. Mi corazón sabe que esta rosa no es una rosa cualesquiera bien que se encargó de traspasármelo al oído cuando llegó a mis manos. Algún día me pertrecharé con los aparejos precisos y me arriesgaré, empezando a cultivar una rosa similar y, plantándola y cautivándola, haré que eche raíces pudiendo participar de mi mundo particular y nada ajeno a las demás rosas que la rodean. Definitivamente, una rosa es una rosa, pero la mía es algo más, me acompañó a mi concierto particular, estuvo a mi lado ofreciéndome su distintiva visión y fragancia; ella permanecerá en mi corazón sempiternamente.









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6 comentarios:

mónica dijo...

Seguramente no imaginaba esa rosa, que entones era simplemente una más entre las plantas de un jardín, que iba a convertirse en una rosa tan especial para alguien y a tener la gran suerte de comenzar el año en tu compañía, disfrutando contigo ese maravilloso concierto de año nuevo... ¿Sabes? A mí también me encantaría asistir algún día... Muchos besos.

tanci dijo...

Mi querida Mónica, completamente segura estoy que mi rosa no hubiera podido imaginarse en manos de quién caía cuando llegó hasta mi. Y no es que cayera en ningún sitio especial, pero todo mi calor y mi agradecimiento se lo hice saber manifestándole todo mi sentir y mi cariño. Aparentemente era una más entre todas las de su jardín, pero precisamente el milagro del encuentro la hizo distinta para mi y yo para ella. ¡Ay! que hubiera sido de ella si no hubiera aceptado mi invitación a tan importante evento como lo fue este concierto. Se hubiera perdido una experiencia maravillosa como la que disfrutó y,además,me cconoció un poquito más. ¿Sabes? Algún día disfrutaremos de ese concierto, estoy segura. Y tal vez la invitación nos pueda llegar de la mano de una simple rosa...cuando menos lo esperamos... quien sabe.Las invitaciones son también signos de agradecimiento y de cariño. Y mi rosa lo sabía.
Te mando un abrazo rosado. ;-)

virgi dijo...

Una rosa entre miles.
Ahora luce para los que te visitamos.
Hasta aquí me llega el aroma, junto a los bosques de Viena.
Un abrazo, Tanci, Feliz Año.
Espero que tengas hecha la reserva para uno de esos maravillosos conciertos.

tanci dijo...

Feliz Año 2010 Virgi. ¿Una rosa entre miles es una cualquiera, o tal vez uno la hace especial porque de miles esa es la que ha llegado directamente y de una forma especial hasta nosotros?Bueno sea lo que sea... no es mala idea ir haciendo la reserva. Gracias por recordármelo haciéndome una visita.
Te envío un perfumado abrazo.

sinkuenta dijo...

Tanci, me alegra saber que la rosa y tú estuvieron juntas disfrutando de tan magnífico concierto que nos recuerda cada año que el año nuevo empieza con sus 365 días inmaculados que llenar de vivencias. Los encuentros son así: nombran y hacen que las cosas trasciendan y se transformen en mucho más de lo que parecen a simple vista. Te mando un abrazo

tanci dijo...

Alicia, bien que es verdad lo que dices. Los encuentros hacen que sean especiales y a los ojos de quienes los viven se experimentan de una manera más trascendente. Podría ser apasionamiento o fuerza en la vivencia... no sé. Lo que sé es que el 2010 está ahí presto a ser compartido y experimentado.
Gracias por venir y hacerme tu visita, por otro lado, tan incondicional como siempre.
Un abrazo envolvente.