miércoles, 8 de abril de 2009

Mirar desde las alturas

Nunca he mirado tanto hacia arriba como cuando de noche me place ver la luna, o las estrellas, o el firmamento. Tan inmenso, tan espectacular, tan lleno. Pareciera que uno se acurruca bajo una cúpula que puede abrazarnos, protegernos; pero a la vez sentirlo algo frío, distante, lejano…
Hoy he mirado hacia el cielo en el preciso momento en que sentí sus ojos, desde lo alto, clavarse en mi cabeza, pasar por mi cuello y recorrer mi cuerpo. Allí, en lo más alto de su altura, le vi cernerse como si intentara alcanzar alguna presa, casi por instinto, olfativamente. Aunque en este caso, más bien, visualmente. Llevaría allí más de lo que podría contabilizar y, sin embargo, sentí por momentos que sus ojos sobrevolaban para llegar hasta mi cráneo, allá a lo lejos planeando sobre mi.
Alcé la vista, haciendo una parada en las tareas que había decidido organizar: plantar alguna lechuga, col o azafrán; pretendiendo localizar por los alrededores algún pequeño animal, lagarto o pequeño ratoncillo campestre. Sin embargo, la tranquilidad me siguió acompañando a lo largo de toda la jornada. Algún piar de un curioso pájaro que acompañaba a un mirlo que, entre intrépido y nervioso, se atrevió a acercarse a mí curioseando mis andanzas.

El ladrido de un perro en la lejanía me hizo notar que existía, al tiempo que conseguía amansar mis pensamientos al ritmo de su acompasada voz.


Le vi allí, parado en el aire, empericosado en lo más alto y cernido en su movimiento espectacular. Estaba suspendido en la bóveda celeste, cuál cometa multicolor, haciendo algún tipo de cabriola. Y no sé si, ayudado por el aire que nos envolvía ligeramente, lo empujaba a dar algún que otro bandazo.
Su cabeza permanecía quieta, estática, mientras que su cuerpo y su cola recobraban el movimiento ancestral de innumerables repeticiones a lo largo de toda su vida. Cuando en un momento particular de esta danza, localiza desde su vuelo a su presa, se lanza en picado siendo su acierto certero, impactante y rápido puesto que su caída es casi vertical, girando un poco ladeado y oblicuo.
Una vez que ha depositado sus brillantes e intensos ojos sobre su presa, ésta no podrá escapar de su insensatez o inexperiencia. Inmediatamente “le echará sus garras”. Mientras, su presa será víctima de una habilidad que jamás había experimentado y que, por lo certero del ataque, no volverá a experimentar. O sea, no escapará del impacto del ave rapaz.Y hablamos del cernícalo, gran aliado del agricultor, del hombre de campo.Y de la naturaleza al fin.


Aparece con su mirada altiva, gallarda, inteligente, movible en apenas décimas de segundos. De una agudeza visual superior a la del ser humano. Por lo visto, entre dos a cuatro veces más según la especie. Son los animales con la mayor calidad de imagen de todos. Cuando sobrevuelan una presa, la ven con más nitidez ya que tienen un sistema excepcional de enfoque, magnificando la imagen desde su altura. Algo así como si tuvieran un zoom, por el que son capaces de ver muchísimos más detalles que cualquier otro animal a la misma distancia. Aunque no se hace grande todo su campo visual, sino que centralizan la imagen pudiendo aumentar ese objeto de tamaño. Sabido esto, pienso que estas rapaces deben tener una experiencia sensorial muy distinta a la de los seres humanos, ya que su campo visual es mucho mayor.

Hoy, en su danza, me alegró la vista este cernícalo que durante varios minutos quiso ser mi compañero. Me oteó desde su altura, me observó, se acercó cautelosamente y pretendió vislumbrar algo que, era de suponer, él debía focalizar. Ésto es, alguna echadura de pollos o cría de algún pajarillo que yo habría tenido en algún lugar de los alrededores de la casa. Esta escena de la naturaleza, excepcional y magnífica, da cabida a alguna reflexión que de vez en cuando martillea en mis pensamientos.

Ese aletear con ímpetu y vigor, soberanamente; sabiéndose el rey de sus dominios en dónde mi corta vista de miope no puede ni podrá alcanzarlo, ni competir con él siquiera. Ese mirar altanero desde las alturas, en dónde yo no puedo tener un acercamiento, a menos que sea con algún binocular o aparato de aproximación. Ese otear, desde arriba, se me antoja como si de un descubrimiento total y completo de mi persona se hubiera llevado a efecto. Cómo si al planear sobre mi cabeza, me desnudara desde arriba y por dentro, incluso sin yo saberlo, sin quererlo y sin ser consciente. Como si al persistir su mirada sobre mi, yo me sintiera descubierta, delatada y al tiempo, desarmada y vulnerable ante su exploración, su enfoque y por último su puntual caída en picado.

Menos mal que no soy un pollo que camina despistado y candoroso a través del bucólico campo, y que nada o poco tiene de excepcional cuando pasa desapercibido y por consiguiente, algo camuflado entre la maleza. Que si no, estaría todo el santo día, como el descrito al inicio, intentando esquivar las miradas que se ciernen desde semejante altitud. Como si mi naturaleza me pidiera a gritos, observar siempre de frente y con una mirada cercana, calurosa, afectiva y empática. Nunca hostil, ni fría, ni envanecida; ni tan siquiera lejana que, de alguna manera, me produjera un cierto aturullamiento sin posibilidad de escapatoria.








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10 comentarios:

mónica dijo...

Querida Tanci, me ha gustado mucho tu post. ¡Y conseguiste hacerme sentir una cierta inquietud cuando describías esos ojos espiando desde arriba... como si te sintieses muy chiquitita y no te atrevieses a levantar la vista! Ya veo que has estado disfrutando del contacto con la naturaleza. ¿Sabes donde hay un montón de cernícalos? En los riscos de la fortaleza. Es maravilloso sentarse al pié de aquella mole a obsevarlos. Tenemos que ir juntas algún día... ¡Un beso y hasta pronto!

tanci dijo...

Mi querida Mónica:
Me alegra tanto que hayas podido percibir lo que se siente al "mirar hacia arriba", o lo que se siente al ser mirado desde las alturas. Y me alegra un montón también que mis palabras hayan podido traspasarte, al menos, un sentimiento ( si así se le puede llamar a esa inquietud que uno percibe).
Sabemos ambas, que además de otras muchas cosas, la naturaleza nos une.No sabía que en La Fortaleza hubiesen tantos cernícalos.Aves que, también han ido desapareciendo por el mal hacer del ser humano (pesticidas, venenos etc). Desde luego que iremos a La Fortaleza y me encantará volverlos a observar desde alli.Tengo muchas ganas. Sabes cuánto me gustan las caminatas.
Gracias por tu visita incondicional. Eso me ayuda a seguir en esta línea. Te mando un abrazo especial desde las alturas que, aunque no planee como el cernícalo, son muchas las veces que me encantaría poder mirar desde arriba.Me gustan los vuelos altos... ;-)

EL BLOG DEL COLEGIO GUAYONGE dijo...

Hola Tanci! que bonito eso de sentirse mirado desde las alturas...me ha gustado mucho, como siempre eliges palabras adecuadas y precisas para cada tema...las fotos también están bien escogidas. ¡eres una artísta!.
Te he dejado un merecidísimo premio en el blog del Cole. Pasa a recogerlo. Besos.

tanci dijo...

Gracias Mary por pensar en mi en cuánto a ese premio que me has dejado. Ya estuve por allí y lo vi y me encantó. El paso para depositarlo en mi casa es otro cantar. ¿Cómo me lo traigo?También me laegra que te haya gustado este último post. Mirar desde las alturas con pensamiento en altos vuelos... mucho por desear.
Un abrazo y ya descubriré como traer ese ¿merecido? premio.

alicia dijo...

¡Por fin puedo leer el post con calma! Sabía que habías publicado algo, pero no había tenido la calma necesaria para echarle una ojeada tranquilamente... La naturaleza nos da lecciones a cada paso, sólo tenemos que abrir los ojos para darnos cuenta de que, como el cernícalo, nuestra máxima aspiración debería de ser levantar vuelo, flotar en las alturas de la existencia, para desde allí contemplar nuestra vida al completo y tratar de abarcar en nuestra mente la complejidad que ésta encierra. Te mando un beso

tanci dijo...

Querida Alicia: Si, es verdad, la naturaleza nos da lecciones constantes de vida, acción, emoción, instantáneas y otras tantas semblanzas que algunas veces, ( por no decir la mayoría) pasan desapercibidas a nuestros ojos. Si, al menos, los humanos pudiésemos seguir un rumbo auténtico, gradual y aprehendido de una manera natural... tal vez otro gallo nos cantara. Bueno, en este caso otro cernícalo nos cantara... aunque la verdad en lo menos que piensa él es en cantar. Más bien en "echar sus garras" y para ello ha sido designado.
Gracias por tener un pequeño espacio para leerme. Me gustan tus opiniones.
Un abrazo

Mary C. Rguez Hdez dijo...

Hola Tanci:
Gracias por compatir tan bellos pensamientos y sentimientos que nos invitan a la reflexión, valorando cada instante de nuestras vidas.
Con tu magia extraordinaria sabes llegar a cada uno nosotros y nosotras innundándonos de emoción.
Eres el fiel reflejo de "entrega, constancia y corazón"
Mary R.H.( Guayonge)
¡¡¡ P R E M I O!!!

tanci dijo...

Querida Mary:
Gracias por tu visita. Me alegra verte por estos alrededores que en definitiva son los alrededores de una gran familia.
Me llegan gratamente tus palabras a la vez que me hacen pensar y reflexionar también. Me gusto que me dedicaran este premio y desde que pueda lo colocaré en una entrada principal.
Me sé rodeada de gente fabulosa que hacen más grato mi caminar por la vida. Tú eres una de ellas.
Te mando un abrazo cariñoso.

Toña dijo...

Es una maravilla poder disfrutar de todos esos encantos que la naturaleza nos ofrece y tu forma de describirlos nos hace ser partícipes de ellos.Además tus fotografías son preciosas.
Es muy grato entrar en tu blog,paso con él momentos muy agradables. Un beso. Toña

tanci dijo...

Querida Toña:
Me alegra un montón si leyéndome te lo pasas bien.En cuánto a la naturaleza, es verdad, está ahí para ser disfrutada. Y estoy en ello. Hací mucho tiempo que no tenía un contacto tan afín como el que tengo por el momento.
Me encanta que te des un paseo por mi casa y ver que te paras, al menos un poco para saludarme. A pesar de lo ocupada que estás.
Te mando un abrazo cariñoso.