lunes, 12 de abril de 2010

Efímeras sutilezas


                                         Foto Tanci



Quiso parar el tiempo y al tiempo le parecía flotar. Le parecía estar mullida en una nube de algodón esponjoso. Sin palabras, no acompañada de lenguaje vocalizado, le permitió acercarse hasta su corazón para que pudiera entrar hasta su espacio personal, tan íntimo, reservado y poco dado a dejarse conocer hasta el momento.

Supo de inmediato que su afectividad conectaba con su parte más sensible, más tierna; y en aquel justo instante le hizo salir de un aislamiento individual renovando su alegría al recibir y, al mismo tiempo, al dar en forma de retroalimentación. Hizo que aquella situación la conectara con ella misma, enriqueciendo su espíritu y sintiéndose más plena.

¿Cuánto duró? ¿Dos, tres, cuatro o cinco minutos tal vez? ¿Alguno más quizá? Fue como una chispa que encendió su pequeño-gran motor hasta el momento magullado, del que sabía que se alimentaba para continuar su marcha. Sintió, interiormente, que fue el refuerzo de comunicación sereno y saludable que siempre había deseado y que en mucho tiempo no había recibido.

Ese simple gesto comunicativo le bastó para reconfortarla, llenándola de dicha, paz y amor. Nunca se había atrevido a dar ese paso. No se lo habría permitido. Sólo alguna vez, tímidamente, lo había hecho a través de su mirada, como pretendiendo comunicarle su sintonía ingenuamente y con fluidez. O a través de sus manos, tan expresivas, como queriendo llenarlas de amor balanceándolas al vuelo haciéndoles un hueco de calor.

Supo, para sus adentros, que no le fue dado por el mero compromiso. La intensidad de su conexión junto con la del ser al que se entregó, sin prejuicio alguno, en cuerpo y alma, fue nacida del corazón y en ese instante se  integró con la mirada, con la respiración, con su presencia firme. Lo sintió en el alma. Sintió que ese simple gesto la llevó a lo más profundo de su ser; tan inconmensurable es el campo de los sentidos, de las sensaciones. De las emociones al fin y al cabo.

Aquel fue un lenguaje intuitivo, cercano, en el que se fusionó mente, cuerpo y emoción. Fue entregar su cuerpo, su alma, su vibración suavemente, sintiéndose relajada y respirando hondamente; percibiendo sus manos, sus brazos y parte de su cuerpo al unísono, con la respiración fluyendo a la par. No quería pensar, no quería que ese fugaz momento de breve encuentro se le escurriera entre las manos. No quería que se lo arrebataran repentinamente y de cuajo. Por eso respondió al tiempo alargando sus brazos y le estrechó suavemente,  arropándole; como queriendo componer una melodía sutil a través de su gesto, de su tacto, de su olor, de su naturaleza…

-“Estréchame más, con suavidad, permanece así junto a mi, no te vayas. No en este momento, espera apenas… un poquito más…”- -“Permanece, por Dios”- “No te vayas ahora. Ahora no. Espera, espera, espera”- Pensamientos que se le pasaban por su mente en milésimas de segundos. Tan ávida estaba de su abrazo intenso y vigoroso pero sosegado, de su alegría, de su felicidad, de su amor, de su comprensión, de su respeto…

Lo sintió como un acto altruista, emotivo y sensorial y, como tal, la intención y la respuesta fue mutua. Una común unión que desbordaba energía, calidez y humanidad sin precisar palabras.

Se vio abriendo su espíritu a través de ese gesto corporal que, cuánto menos, transmitía tranquilidad, entereza, amor, dulzura y poder personal.

Se sintió querida, segura, apacible y con coraje suficiente como para seguir la marcha si fuera necesario. Aquel paso al frente, lleno de espontaneidad gratuita llegó a ser vital, eficaz y reconfortante a su vida particular. Apenas hizo una inspiración más profunda cómo para poder retener todos sus afectos, su gratitud, su comunicación… su conmovedor y auténtico abrazo. Le hizo desplegarse abiertamente y pausadamente. Sin brusquedad, tal y como lo pedía para sus adentros. -“Despacio, por favor”-.

Le dejó partir suavemente, abriendo sus brazos poco a poco, como no queriendo romper aquel halo de energía que flotaba a su alrededor. No opuso resistencia y mirándole de nuevo a sus ojos supo que, a través de aquel cálido abrazo, se manifestaba su esencia al completo. Tan táctil, tan presta a decir la verdad con la expresión de su cuerpo, de sus ojos, de sus manos. Y a través de su abrazo conoció la expresión del cuerpo que abrazaba y supo que era confortable, cálido, amoroso; y no inerte, ni frío, ni artificial como pensaba para sí misma.

Sabedora además de que aquel acto rompió su esquema y, tal vez, la hizo más rica, más libre y más amorosa. Y que sus variados receptores sensoriales se fusionaron en un solo corazón que se nutría, a través de aquel gesto largo y eterno, de impulso y fortaleza. Sólo dejó guiar su cuerpo hacia el acto del abrazo con la única intención que surge del corazón. Pero fue su voluntaria franqueza, que junto a su inesperada nobleza  de espíritu,  lo que la cautivó, conmoviéndola.

Anteayer soñó como en las películas. Ayer soñó como en las películas. Hoy sueña como en las películas. Le es inevitable. Pero hoy su sueño llegó en forma de abrazo. Simple abrazo efímero y  sutil,  pero vivo, sincero y auténtico. Como en las películas.




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10 comentarios:

EL BLOG DEL COLEGIO GUAYONGE dijo...

Me quedé con ganas de que siguiera...esto es como las películas que dejan preparada una segunda parte...estaba tan emocionada leyendo este hermoso relato que me "supo a poco". Me ha gustado muchísimo...qué bien!!un abrazo.

tanci dijo...

Mary, habrá una segunda parte. No te quepa duda. Si te ha emocionado, me doy por satisfecha. Ha sido el itinerario de un simple abrazo. ¡Tanta palabra para un simple abrazo! ¿verdad?. Me gusta saberte por los alrededores, como de costumbre. Te manos un cálido abrazo.

virgi dijo...

¡Cuánta poesía dentro de un gesto simple, pero importante y necesario!
Vas subiendo el clímax, subiendo, subiendo...hasta la sensación placentera que logras traspasarnos.

Otro gran abrazo para ti

tanci dijo...

Querida Virgi, para poesía la tuya,no me cabe duda.Y de la buena. Pero te agradezco tus palabras. A veces los gestos más simples son los que mayor poesía entrañan.¡Qué siga soñando! ¿no crees?. También un lindo gesto para ti transformado en abrazo.

sinkuenta dijo...

Esperé a tener un momento de tranquilidad para leer con calma el último escrito porque me daba la impresión de que necesitaba estar sosegada para poder captarlo. Y asi fue. La maravillosa realidad que nos relatas tiene lugar en esos preciosos segundos que tienen una dimensión brutal a pesar de su caracter efímero. Espero poder escucharte mañana. Un beso

tanci dijo...

Hola Alicia, mañana tendremos momento entrañables. Y a lo mejor serán momentos efímeros de los que hay que estar con los sentido bien abiertos y el alma abierta a recibir. Captar esos momentos nos cuesta bien porque parece que no se les presta la debida importancia. Bien porque creemos que nos lo merecemos y ya está. O bien porque no reparamos en lo efímero, en aquello que debería permanecer en el ser humano, a pesar de que no le pongamos toda la importancia que se merece... tan materializado está todo Momentos de luz, color y calor.
Gracias por tu visita, siempre tan elegida y elocuente.

sinkuenta dijo...

¿Qué es un momento efímero? Esta vida nuestra no es más que un destello en medio de la inmensidad del tiempo infinito. A menudo nos equivocamos otorgándole a la vida el caracter permanente que no tiene pues fugaz, como esos momentos efímeros, huye del aburrimiento. Te mando dos besos. ¡No te quejarás!! jaja

tanci dijo...

Je,je Alicia , es verdad y ¿qué es lo efímero?.algo volátil, algo que se siente pero que no se ve, algo que se vió y por tanto algo queda, algo que queda de la nada, de los casi o de lo que pudo haber sido y no fue...
Mientras, como tú bien dices, la vida se mantiene fugazmente. Le otorguemos o no esos momentos. Ahí quedarán para recordarlos.No me quejo y cómo siempre bonito tema para sacarle una buena charla con un buen café delante.
Un abrazo menos fugaz.

mónica dijo...

Querida Tanci, estoy de acuerdo contigo contigo en que momentos aparentemente muy simples como un abrazo pueden tener una importancia inmensa y dejar una huella perenne, y por tanto bien son merecedores de tus bonitas palabras.
El hecho de que algunas cosas sean efímeras nos hace valorarlas más. Es como esas preciosas figuras de arena que se esculpen en algunas playas durante las noches de verano. Parte de su magia reside en que sabemos que sólo podremos disfrutar de su belleza durante unos breves instantes, pues se desmoronarán con la próxima subida de la marea. También me ha gustado mucho la reflexión de Alicia, otorgándole a toda nuestra vida ese carácter fugaz que la hace tan valiosa ¡vivamos al máximo cada segundo!
Un beso, pasa un feliz fin de semana (¡y siento llegar tan tarde!!)

tanci dijo...

Un abrazo, una mirada, una rosa, un latir... todo es expresión de un mismo concepto.Bonita comparación tuya con el "arte efímero". Al final está ahí para que nuestros sentidos estén todavía más alerta, si cabe. Y es en las pequeñas cosas en dónde reside parte de nuestra creatividad y de nuestra vida. Atesorarlas es papel fundamental para que no se nos olvide que nada se nos da gratuitamente.Pero cuando se nos da´¡menudo un regalo!. Esa es la fugacidad de la vida.Verte aparecer por mi morada siempre ha sido una felicidad para mi. Nunca es tarde Mónica. Cada uno con sus ritmos y con sus necesidades.¡Vivamos cada segundo, cada minuto, cada hora, cada semana... a tope!
Un estupendo abrazo para ti.