jueves, 17 de septiembre de 2009

D. Fidel


Cuando escribí mi anterior entradilla en mi blog sobre los patios, no sabía que D. Fidel me estaba haciendo una visita virtual… pero así fue. Escribí sobre los patios en general y sobre mi patio en particular y, sin ser consciente, alguien me lo estaba indicando.
El impulsor de mi patio, con vistas al futuro, fue mi padre. Mi hermano fue el que lo diseñó y me comunicó la mejor idea. Y D. Fidel fue el que llevó a cabo la dirección de las obras en el acondicionamiento de mi patio. Fue él quien, con buen tino y acierto, hizo de mi patio un lugar asequible y vivo, diáfano y perdurable. D. Fidel hizo, de su profesión de contratista de obras, un arte, beneficiando además a un sin número de personas que, como yo, pusieron su confianza en él. Pusimos la confianza en su maestría, en su don de gente, en su honestidad, en su humildad y en su generosidad.
D. Fidel fue de esas personas que trabajó desde siempre y desde muy joven, por lo que, el trabajo; lejos de espantarlo, lo atraía y le daba vida. Amaba su construcción, por eso se llevaba planeamientos de reformas, de casas, de entradas, de azoteas, de soportales, de acondicionamientos de cuevas naturales etc…y de cientos y cientos de construcciones para su domicilio.
Y por las noches le daba mil vueltas en su cabeza sobre el proyecto planeado con la única intención de hacer mejor su trabajo para poderlo explicar y ofrecerlo a su cliente al día siguiente. Lo había hilvanado durante la noche y mejorado con su pensamiento. En una palabra; lo “craneaba”. No paraba D. Fidel. Buscaba soluciones y hacía que sus trabajadores reflexionaran en su obra para llevarla a cabo en óptimas condiciones."No existe la perfección” me decía, “pero todo lo que haya que hacer se hace”.
Era buen empresario y buena gente. En más de una ocasión sacó adelante algún que otro préstamo de algún que otro trabajador en apuros. Lo sé de fuente limpia. Lo sé de corazón. Lo sé y no fue él quien me lo contó. Y en más de una ocasión contrató a otros, a los que nadie más les daba trabajo o no los contrataban. Así de generoso era D. Fidel. Lo sé también y tampoco fue él quien me lo contó.
Hombre de palabra como a la antigua usanza, no le hacía falta un documento cuando se trataba de gente honrada. Y él, más que nadie, las conocía. Sabía en quienes confiar.Hacía que te sintieras cómoda y satisfecha, aún a pesar de las incomodidades que cualquier reforma u obra trae consigo en cualquier vivienda que se desea acondicionar. Daba ánimos a sus clientes y seguridad en que el trabajo quedaría bien hecho. Confiaba en sus trabajadores. Tenía una sonrisa generosa que siempre compartía en cualquier momento y era muy fácil que D. Fidel sacara puntualmente su filosofía de la vida. “Todo se arregla en esta vida”… “lo que hay es que buscarle la vuelta”. Así me decía D. Fidel ante mi preocupación en temas de reformas que se me atragantaban y que yo desconocía.
D. Fidel visitaba diariamente todas las ejecuciones de obras que se estaban llevando a cabo de su mano. Revisaba, corregía, retomaba y estaba en contacto permanente con sus trabajadores y con sus clientes.
Era el tipo de persona en la que tú podías confiar porque en su idea estaba primero que nada favorecer y solucionar tu problema: fueran bajantes defectuosos u caducos, goteras, grifos o una gran obra como la que realizó en mi casa. Él me dejó mi entrada embellecida, agradable y resguardada. Mi patio habitable, luminoso y aprovechado y mi casa llena de buenas obras, en la doble acepción de la palabra; obras bien rematadas y obras de gran generosidad por su parte.
Por todo ello echo de menos a D. Fidel. Sé, además, que son muchos, los que como yo, le echan de menos. Echo de menos su sonrisa y su familiaridad cariñosa. Y echo de menos al trabajador e impulsor de vida y de obras que siempre fue.
Me consta que Oscar, su hijo, ha tomado la alternativa. Me vale con que haya recibido de su padre su buen hacer. Y estoy segura de ello. Esta empresa familiar ha de continuar más que nada porque sé que empezó desde la base, pasito a pasito. Y yo, como otros tantos que lo recordamos, volveremos a solicitar sus servicios cuando lo necesitemos porque era un hombre puntual y honrado. Y eso tan sólo marca la distinción.
Pero yo sé que cuando ese rayito de sol se cuela por mi patio, llega al mismo tiempo y paralelamente D. Fidel. Como antaño, cuando de su mano dirigió las obras de mi patio y de la entrada de mi casa, para que yo ahora los disfrute gozosa y con deleite.
Gracias D. Fidel.









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4 comentarios:

sinkuenta dijo...

Querida Tanci, su propio nombre lo define 'Fidel', fiel a sus amigos y a sus conocidos a los que, según cuentas, hacía la vida agradable. Su buen hacer, su amor por las cosas bien hechas, su valentía ante los problemas que desmontaba para encontrarles una solución, seguro que le habrán hecho sentir que su vida tuvo un sentido. ¡Tu patio lo prueba!Te mando un beso

tanci dijo...

Alicia, tú lo has captado. Un hombre fiel a us propósitos y a su fé en lo que hacía.Él perdurará en los corazones de muchos. Gracias por acercarte por aquí.Sabes que siempre eres bienvenida de una manera muy especial.
Un abrazo

mónica dijo...

Querida Tanci, ahora más que nunca entiendo tu amor por ese precioso patio, que casi se podría decir que es el corazón de tu casa. Eres afornutada al haber tenido como padre a un hombre así, todo generosidad, buen hacer y amor por los suyos. Aunque él ya no esté, todo eso te acompañará siempre... Un beso.

tanci dijo...

Mónica querida:
MI padre fue el que me planeó mi patio para el futuro, es decir; me dió la idea de aprovechamiento. Pero D. Fidel fue el que me hizo las obras. De tal manera que todo en esta vida está encadenado. Desde la idea de mi padre, el diseño de mi hermano, la voluntad mía para quererlo hacer y D. Fidel que recogió la idea para llevarla a cabo.
Gracias por dejar tu mensaje en mi casa. Un beso