sábado, 30 de marzo de 2019

Rincones


                                                                                                                                Diseño Tanci                                          


                                                                                                                   



En un rincón, 
el color de la tierra. 
Guijarro y piedra

martes, 26 de marzo de 2019

Barranco

                                          Diseño Tanci



Sin contención
se  desliza la tierra
en el abismo. 

domingo, 24 de marzo de 2019

Sin ton ni son


                                                                                                                                                                                            Foto Tanci



 Bajo el alero
se sienten protegidos
los revoltosos. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Octava isla

                                                         Foto Tanci





Cercana la isla. 
Tres boyas preparadas.
Atrás los roques .

viernes, 8 de marzo de 2019

Curiosa



                                                              Foto Tanci

Quiso alongarse
para ver más allá.
Curioso lirio.

miércoles, 27 de febrero de 2019

El naranjo


                                                 Foto Tanci


Cuando le saqué la foto al árbol abatido en el terreno lo hice para perpetuar lo que fue y lo que sigue siendo aun todavía. En ningún momento deseé hacer leña de este robusto árbol, ya que me parecía bello, solemne de presencia y permanencia. Cuando descubrí que este ejemplar se había secado por su propio pie, una tristeza me invadió seguida de llanto e impotencia. Un árbol se mantiene en vida por muchos años y a éste se le había tratado bien. Al igual que a los otros que eran sus vecinos, no le faltó agua, substrato, estiércol del bueno, podas regulares  y por supuesto mimo. Muchos microorganismos danzaban diariamente y a todas horas a su alrededor; cochinillas enroscadas, gusanillos, pequeñas lombricillas, bichitos negros de los llamados carreteros y hasta las hormigas marchaban en procesión a lo largo de su grueso tronco. No acepté que fuera dejando sus ramas desnudas y descubiertas de hojas, por eso desde ese instante procuré que aquel grueso especímen se sintiera a gusto cambiando su actividad por otra... ¡Ya está! Ese retorcido y grueso leño en forma de Y griega me dio la posibilidad de hacerlo útil para colocar dos grandes y apropiadas cestas colgantes, cada una con una buena mata de helecho grande. De los llamados “de a metro”. Y así lo pensé y así lo hice. No se quejó. Aquel viejo y retorcido tronco con alguna herida de algún brazo roto, quedó de nuevo lleno de belleza y esplendor. Es más, en dos momentos distintos de esa segunda oportunidad vi cómo crecieron unos  extraños vecinos  sobre su cuerpo sin vida pero en pie todavía ¡Los más bellos paragüitas de color anaranjado, amarillo y ocre entremezclados abiertos y desparpajados que yo había podido ver! Ni los toqué. Sólo los admiré para más tarde inmortalizarlos pintados en un lienzo. 
Pero aquel invierno de viento y lluvia intensa causó estragos sobre su cuerpo sin savia, sin vida, sin resistencia. No aguantó el peso de las dos cestas llenas de tierra y raíces en forma de pequeños tubérculos empapados que, conjuntamente con las hojas rizadas a modo de cinta bordada, se sacudían fuertemente, como lo hiciera un balancín infantil furioso y solo en medio de un campo. No aguantó y se vino abajo. Allí quedó tendido e inerte.
No quise hacer leña de aquel árbol caído. Postrado, esta vez sí,  en el suelo, me dio pena. Allí rodeado de hierbas verdes y frondosas, empapadas de tanta lluvia y que él mismo había aplastado sin culpa alguna. Pensé en sus jugosas naranjas invernales. En sus flores blancas e inmaculadas. Pequeñas y olorosas, se desprendían en cada estación formando una limpia y esponjosa alfombra resaltada a su pie. Resistía mi peso al subirme sobre él a por las naranjas que, obstinadas, crecían libres y casi asilvestradas en la pericosa. 
Cuando fotografié al árbol caído, lo hice por tener su recuerdo vivo, por convencerme a mí misma que segundas oportunidades siempre existen. Y por destacar la belleza  de entre las ruinas, los leños, las maderas y los restos de poda antiguos.
Cuando le saqué la foto, no quise hacer leña del árbol caído.

jueves, 21 de febrero de 2019

Drago

                               Foto Tanci


A cada instante
el drago de mi tierra, 
vierte su savia.