domingo, 4 de junio de 2023

Enemigo íntimo (Antonio Gala)

 











Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.
Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: “Ven”.
Pero algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo
transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo
al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la espiga desde
la simiente enterrada.

En esas largas
tardes en que se toca casi el mar
y su música, un poco
más y nos bastaría
cerrar los ojos para morir. Viene
de abajo la llamada, del lugar
donde se desmorona la apariencia
del fruto y sólo queda su dulzor.
Pero hemos de aguardar
un tiempo aún: más labios, más caricias,
el amor otra vez, la misma, porque
la vida y el amor transcurren juntos
o son quizá una sola
enfermedad mortal.

Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo está consumándose entre el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba
la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros
para la despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso azul del mar. “Esto era aquello”.
Con esmero el olvido ha principiado
su menuda tarea…

Antonio Gala "Enemigo Intimo" poema.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Idas y venidas





Tanto ir y venir, tanto trasiego desde finales de febrero, tanto movimiento dentro y fuera de las ramas del árbol elegido. Tanto revoloteo por los alrededores del limonero y de los naranjeros protegidos a su vez por los enormes cirueleros...tanto paseo de aquí pa,llá y de allá pa,cá me hacía recelar. Yo los observaba desde el empedrado o cada vez que regaba las plantas cercanas al peral que habían elegido. Esquivos y desconfiados daban saltitos aquí y allá, parándose en algún charquito de agua que había quedado entre las lajas del patio o en los surcos del millo recién crecido. Otras veces rebuscaban con su pico e incluso con sus patas entre las hierbas que cubrían el suelo. Durante ese tiempo, apenas percibí lo que portaban en su pico, pero macho y hembra se afanaban para la construcción de su futuro hogar... finas ramitas, hebras de sogas, algún hilo de otro color, pelusas recogidas en alguna esquina de la casa, constituían su nido en el que ponían tierra en su interior. Pero nunca dejaban de cantar de manera melodiosa, clara y aguda, pese a mi presencia amenazadora.Distinguí distintos tonos de canto y parloteaban con más insistencia cuando me acercaba a su territorio. Ayer los descubrí por fin acachuchados dentro del nido, sostenido entre las ramas del peral que da  peritas dulces, jugosas y olorosas.Tres polluelos de mirlo empezando a emplumarse y que al mínimo movimiento de las ramas del árbol, instintivamente abrían su pico a la espera de ser alimentados. Delicadamente me alejé de allí pausadamente no queriendo molestarlos, amortiguando el ruido lo más que pude. Sus padres, muy nerviosos e intranquilos, revoloteaban alrededor del peral en situación de alerta, esperando a que yo desapareciera del lugar.





domingo, 14 de mayo de 2023

Aljibe (aprovechamiento del agua)

 

                                                    Diseño Tanci



Pueden salvarnos

obras de ingeniería

en abandono.

Son los viejos aljibes

que nos dan agua y vida.

martes, 9 de mayo de 2023

Enjambre de mar

.                                                   Foto Tanci
 



¡ Qué gran enjambre
de cangrejos al sol!
Llega el verano.

domingo, 30 de abril de 2023

El carro o como aprender a manejar

 



Siempre me habían gustado los coches. Me encantaban los distintos modelos, los colores, su capacidad interior, su tapizado… aunque quizás, y pensándolo bien, lo más que me gustaba era aquella sensación de captar, ambientes distintos, paisajes, tonalidades etc. a través de la conducción, sin ataduras de horarios y paradas obligatorias  de guaguas. Éstas se hacían monótonas y pesadas durante todo el trayecto que duraba el viaje. Era una sensación de libertad de movimiento propiciada por el manejo y control de una máquina veloz.

De pequeña había probado una incipiente rapidez sobre un medio de desplazamiento rudimentario de cuatro ruedas. El soporte lo componían cuatro tablas juntas clavadas a dos listones algo más estrechos. Un listón iba clavado en la parte trasera de las cuatro tablas por debajo y a modo de fijación de éstas, mientras el otro listón iba en la parte delantera de tal manera que se lograba una superficie rectangular firme. Unido a ese rectángulo estaba el eje delantero que era movible de un lado a otro y que iba unido a un tornillo giratorio.

Dónde nos habíamos encontrado las tablas, mi hermano y yo, para la construcción de  la máquina de velocidad sigue siendo un vago recuerdo, porque él se agenciaba de restos de tablas de embalajes que ponían por fuera de las tiendas y  en alguna carpintería del barrio. Pero lo más complicado era conseguir los rodillos de rodamientos. Eran ruedas de acero pulido que llevaban,  en su interior,  encajadas de forma concéntrica otras pequeñas ruedecitas separadas por unas pequeñas bolas de acero que las hacían deslizarse y rodar fácilmente. Todo un lujo de ruedas para la época, pues no solamente eran difíciles de conseguir sino que, además, eran demasiado caras para nuestros escasos ahorros. Seguramente alguien se compadeció de los esfuerzos denodados de aquellos niños y las puso en  nuestras manos.

El asunto era que con semejante artilugio nosotros pretendíamos coger altas velocidades y ¡vaya si lo conseguíamos!

El motor del carruaje era accionado por el que empujaba,  y lo hacía apoyando las manos en la espalda del que iba sentado que era el conductor. El conductor era el que llevaba el mando de la nave: guiaba su marcha con dos sogas, una a cada mano, que iban atadas a los dos lados del eje delantero. Cuanto más fuerte se empujara mejor,  pues suponía coger la máxima velocidad. A veces éramos ruinitos el uno con el otro, porque cuando llevábamos una alta velocidad, de repente, realizábamos una curva cerrada intencionadamente para que la persona que, empujando, hacía de motor, se cayera de lado y fuera a dar de bruces contra el suelo. Contábamos las vueltas que hacíamos y cuando veíamos que ya eran equitativas, nos cambiábamos los papeles. Y otra vez iniciábamos nuestro particular viaje. Las reglas estaban claras para ambos, menos hacer girar el carricoche repentinamente que eso era a gusto y ruindad del conductor, cuando lo estimara conveniente.

Lo mejor era el derrape que aumentábamos con sonidos vocales y guturales a modo de frenazo en seco o bien como arranque inicial con el acelerador a fondo.

Cuando nos arriesgábamos y nos lanzábamos por alguna pendiente, tampoco teníamos mucho problema pues teníamos bien acondicionados los frenos que eran dos suelas de lonas desgastadas que habíamos colocado con clavos en ambas partes del eje delantero de nuestro flamante carro. Al más mínimo aviso de un deslizamiento a alta velocidad, apretábamos con nuestro calzado sobre aquellas dos superficies  de goma de camión contra el suelo y necesariamente la marcha iba aminorando. Hacíamos el cálculo de empezar a frenar mucho antes de llegar al final de la calzada, de tal manera que no chocáramos contra algún muro o casa que estuviera en nuestra trayectoria.

Con mi pantalón de peto, el pelo ensortijado al aire, las manos sucias, la cara sorroballada de haber comido ciruelas y no sé cuantos frutos más, yo era la niña más libre y feliz de aquel minúsculo universo. ¡Casi nada!

En aquellos tiempos de férrea opresión para las mujeres, era una mujer libre y feliz, que manejaba, sabía de mecánica, también de chapa y pintura y ¡hasta sabía cambiar una rueda! Nada podía detenerme pues. Los porqués que cuestionaban mis ansias de libertad, los cambiaba inmediatamente por “¿y por qué no?” Y así ha sido desde entonces.

domingo, 23 de abril de 2023

Contraste

                                                                                  Foto Tanci





 El universo

que rodea a la flor

inunda mi alma.

miércoles, 12 de abril de 2023

Hinojos

.                                                     Foto Tanci



En un rincón 
brota este bosquecillo 
lleno de hinojos.